18 oct 2012

Curvas


Curvas como catedrales recostadas sobre la orilla del mar
se te derraman las lágrimas por entre las comisuras de mis manos
curvas de viento que no para de soplar.
Algún día me dijiste que me querías retorciéndome en la cama
desechando cualquier resquicio del tiempo
que todos los relojes del mundo te pretenden dar
marcando la hora sin saber muy bien cual te pertenece
y ahora sin minutos restantes frente al precipicio infinito
ni curvas donde poder esconderte,
lloras, lloras por dentro porque un día lo supiste,
sentiste que me amabas como nunca imaginaste podrías,
pero te adentraste por los laberintos rectangulares de la razón,
de eso que llaman conciencia, de tener los pies en la tierra
y te perdiste la inocencia del amor, lo incontrolado de su existencia,
lo bohemio, lo inhóspito y habitable,
la curva donde empieza la construcción de la vida.
Te quedaste al otro lado de la orilla
donde las olas no rompen porque no hay viento, ni pasan las horas,
ni siquiera las que marca tu reloj.
Te quedaste cerca pero no lo suficiente,
allá en la catedral del mar,
justo en la curva entre tu espalda y la mía.