17 oct 2012

Creta


El paisaje es basto porque cruel es el sol.
Los árboles no crecen, sobreviven.
Las montañas empujan al mar para quedarse
y los pescadores pescan antes de que las olas
les arranquen las sardinas de las manos.
Los pájaros sobrevuelan y los ríos,
los ríos no preguntan por dónde está el camino.
Si pisas sobre mojado
estarás andando por la orilla
que se extiende como un oasis salado
y que rodea un desierto ondulado de pocas gentes
y menos aún ruidos.
El silencio hace cómplice a los vientos
que la golpean desde el norte,
de su pobreza inventada para disculpar
la tiranía de Occidente.
Sus gatos cazan lagartijas y libélulas aún hoy
aunque saliva no malgastan los griegos si no es preciso
no hay porque seguir cultivando el campo
porque si sembraste, seguro no queda nada,
todo se lo llevaron.
Ya solo nos quedan las playas
con y sin rocas,
que se desprenden desde lo alto de las colinas
arrancando a su paso una cultura,
con sus raíces y sus parras al aire libre.